Análisis de Experto
Experto verificado
Análisis general del producto
Llevo varias semanas usando esta miniplaca basada en el RP2350A como banco de pruebas rápido, y su planteamiento me ha resultado tan cómodo como peculiar. No es una Raspberry Pi Pico 2 al uso: aquí no hay conector hembra para cable, sino un conector USB tipo A macho soldado directamente al PCB. Eso significa que la placa se enchufa al ordenador, a un hub o incluso a un cargador de móvil como si fuese un pendrive. En mi caso, la he usado mayoritariamente pinchada en un puerto libre de un sobremesa y en un hub USB con alimentación externa, y el arranque en modo almacenamiento masivo para arrastrar el archivo UF2 funciona sin sorpresas.
El resto de la propuesta es coherente con lo que se espera hoy de un RP2350A: dos núcleos Arm Cortex-M33 y dos Hazard3 RISC-V (seleccionables al arrancar, hasta 150 MHz), 520 KB de SRAM, 4 MB de flash NOR integrada, 29 GPIO multifunción —de los cuales 20 salen al borde de la placa— y un LED RGB WS2812 a bordo que sirve tanto de indicador de estado como de primer ejercicio de pruebas.
Calidad de construcción y materiales
El PCB es rígido, de doble cara y con acabado limpio; la serigrafía identifica bien cada pin y el conjunto transmite más solidez de la que sugiere su tamaño. Los contactos castellados están bien mecanizados, con el cobre expuesto de forma uniforme, algo importante si vas a soldarla a una placa portadora. He hecho la prueba con soldadura de baja temperatura y punta fina, y el estaño moja correctamente siempre que uses fundente y no insistas demasiado tiempo en cada medio agujero: el riesgo real aquí es puentear dos contactos contiguos, no la falta de adherencia.
Los componentes auxiliares están bien elegidos para el espacio disponible: el regulador LDO RT9013-33GB entrega los 3,3 V y la memoria W25Q32JVSSIQ aporta esos 4 MB de flash. Al ser un regulador lineal, conviene recordar que trabaja disipando el exceso de tensión: si alimentas por USB a 5 V y cuelgas muchos periféricos de los 3,3 V, la zona del regulador se calienta de forma perceptible. No es un problema en consumo moderado, pero si tu montaje va a estar horas con cargas altas, alimentar directamente a 3,3 V por los pines adecuados reduce bastante esa disipación.
El punto flojo de construcción es precisamente el conector USB-A: al ser un apéndice rígido del propio PCB, cualquier tirón lateral se transmite a las soldaduras. En puertos muy hundidos o junto a otros conectores anchos, el acceso puede quedar comprometido.
Compatibilidad y rendimiento
En cuanto al software, el ecosistema es el habitual del RP2350: SDK oficial en C/C++ y soporte de MicroPython, además de compatibilidad a nivel de código con buena parte del trabajo hecho para RP2040. He probado tres escenarios distintos. Primero, un nodo de telemetría con un sensor I²C y volcado por UART: los dos controladores I²C y los dos UART se comportan de forma estable, y la multitarea entre núcleos ayuda a separar adquisición y comunicaciones. Segundo, un controlador de tira LED: las 12 máquinas de estado PIO repartidas en tres bloques siguen siendo la gran ventaja de esta familia, porque liberan a los núcleos de la temporización crítica. Tercero, lectura de cuatro entradas analógicas de 12 bits con un par de potenciómetros y un sensor resistivo, donde el ADC resulta suficiente para aplicaciones de control, aunque no esperes precisión de instrumentación.
El detalle que más condiciona el día a día es el USB 1.1: sirve perfectamente para programar, para consola serie y para emular HID o CDC, pero no lo elijas como cuello de botella para transferencias masivas. En proyectos que necesiten mover datos rápido, mejor tirar de SPI o de UART a alta velocidad.
Frente a otras placas RP2350 del mercado —hay bastantes variantes con USB-C y formatos tipo Pico o Zero—, esta destaca por el factor de forma mínimo y por la integración del conector, y pierde en accesibilidad de pines y en ergonomía de depuración.
Puntos fuertes y aspectos mejorables
A favor:
Programación inmediata sin cables gracias al USB-A macho y al modo de almacenamiento masivo.
Núcleos Arm y RISC-V seleccionables, con 520 KB de SRAM y 4 MB de flash ya integrados.
Contactos castellados aptos para integración permanente en una placa propia.
Recursos completos: 2 SPI, 2 I²C, 2 UART, 16 canales PWM, 4 ADC de 12 bits, PIO, sensor de temperatura, reloj y temporizador.
LED RGB a bordo, útil para diagnóstico sin añadir hardware.
A mejorar:
Solo 20 GPIO accesibles por el borde; el resto exige soldar en puntos específicos.
El USB 1.1 limita el ancho de banda si lo usas como interfaz de datos.
Ausencia de medidas mecánicas publicadas: hay que medir la placa con pie de rey antes de diseñar la portadora.
El conector rígido penaliza el uso en puertos estrechos o con riesgo de golpes.
Consejos de uso y mantenimiento
Antes de alimentarla, revisa dos veces la orientación y la tensión de entrada; un error de polaridad en un módulo sin protecciones se lleva el regulador por delante. Si vas a soldarla, usa fundente en gel, punta fina y comprueba continuidad entre pines vecinos con multímetro. Guárdala en una bolsa antiestática, evita apoyarla sobre superficies conductoras y, si trabajas en un banco con alfombrilla, descarga tu electricidad estática antes de manipularla. Para extraerla de un puerto, tira siempre recto y sujetando el PCB, nunca del borde.
Veredicto del experto
Es una placa muy bien resuelta para quien prioriza rapidez de prototipado y tamaño reducido. Me parece una elección excelente para pruebas de firmware, sensores, control de señal y automatismos pequeños, así como para dejar montada dentro de un equipo que se alimente por USB. No la recomendaría como plataforma principal si necesitas muchos GPIO accesibles, depuración cómoda con sondas o transferencia de datos rápida por USB: en esos casos, una variante con USB-C y más pines al borde te dará menos quebraderos de cabeza. Si aceptas esas limitaciones, cumple con solvencia y a un precio contenido.
















