Análisis de Experto
Experto verificado
Análisis general del producto
La Raspberry Pi Pico 2 no es una simple actualización, sino un salto cualitativo que reconfigura lo que podemos esperar de una placa de desarrollo por menos de 10 euros. Llevo varias semanas trabajando con ella en distintos escenarios —desde un registro de temperaturas multipunto hasta un pequeño controlador para un brazo robótico didáctico— y el cambio respecto a la Pico original se nota desde el primer momento. El nuevo chip RP2350 con sus 520 KB de SRAM duplica la memoria disponible, y eso se traduce en proyectos que antes requerían gestionar cada kilobyte con esmero ahora pueden ejecutarse con bibliotecas completas sin sudar.
Calidad de construcción y materiales
Raspberry Pi mantiene el formato familiar de 51 x 21 mm con el conector USB Micro B en un extremo y el edge de pines castellanos. El PCB es de calidad estándar FR4 con un acabado mate que facilita la soldadura. El pulsador BOOT y el de reset responden con un clic seco y preciso. No hay florituras: es una placa funcional, robusta y bien equilibrada. La ausencia de puerto USB-C puede resultar decepcionante en 2024, pero entiendo que mantener la compatibilidad mecánica con la Pico original y sus accesorios era prioritario. Aun así, el conector Micro B sigue siendo funcional y encontrarlo no es problema.
Compatibilidad y rendimiento
He probado la placa con una decena de sensores analógicos y digitales (DHT22, BME280, HC-SR04, módulos I2C y SPI variados) y la compatibilidad pin a pin con la Pico original se cumple sin sorpresas. Monté un shield de prototipado de la primera generación y encajó perfectamente.
El salto de rendimiento es tangible. Procesar una FFT con datos de un sensor de vibraciones, que en la Pico original me llevaba al límite, aquí se ejecuta con margen. Los 150 MHz estables del RP2350, junto con los 24 canales PWM y las 12 máquinas de estado PIO, permiten abordar proyectos más ambiciosos sin necesidad de cambiar de plataforma. En un proyecto de síntesis MIDI con wavetable, los tres bloques PIO gestionaban la salida de audio mientras los núcleos Arm se encargaban del procesamiento de notas sin un solo clipping.
He dedicado tiempo específico a probar la ejecución híbrida Arm y RISC-V. Cargar un núcleo con TrustZone para gestionar comunicaciones cifradas y el otro con el core Hazard3 ejecutando una máquina de estados en software abierto no es un mero ejercicio teórico: demuestra que Raspberry Pi apuesta por la flexibilidad real. Para el desarrollador medio, esta dualidad se traduce en poder migrar a RISC-V según madure el ecosistema, sin cambiar de placa.
En el apartado de programación, el drag-and-drop funciona como siempre: impecable. He cargado firmware tanto en MicroPython como en C usando el SDK oficial, y el flujo de trabajo es idéntico al de la Pico original. La compatibilidad hacia atrás es total.
Puntos fuertes y aspectos mejorables
Puntos fuertes:
- Dualidad Arm / RISC-V ejecutable en producción: no es una curiosidad de laboratorio, puedes elegir la arquitectura que mejor se adapte a cada tarea.
- Doblaje de SRAM: pasar de 264 KB a 520 KB elimina muchos dolores de cabeza en aplicaciones con buffers grandes o múltiples bibliotecas.
- Compatibilidad total con el ecosistema Pico: shields, sensores, cables y proyectos existentes funcionan sin cambios.
- Los tres bloques PIO con 12 máquinas de estado: siguen siendo el diferenciador frente a cualquier microcontrolador de precio similar. Permiten implementar protocolos custom sin depender del hardware dedicado.
- Rango de temperatura industrial (-20 °C a +85 °C): abre la puerta a entornos que otras placas de desarrollo no soportan.
Aspectos mejorables:
- Conector USB Micro B: se nota anticuado. USB-C habría sido más coherente con la fecha de lanzamiento y el mercado actual de cables.
- Sin conectividad inalámbrica integrada: para proyectos IoT necesitas la Pico 2 W o añadir un módulo externo. En 2024, un SoC con WiFi básico habría redondeado el conjunto.
- No hay conversor analógico-digital diferencial: los 3 ADC son de 12 bits y modo single-ended. Suficiente para la mayoría de proyectos, pero limitante si trabajas con señales diferenciales de alta precisión.
- Documentación todavía en maduración: el soporte para RISC-V en el SDK ha mejorado, pero encontrar ejemplos prácticos sigue siendo más difícil que en Arm.
Veredicto del experto
La Raspberry Pi Pico 2 es la evolución que la comunidad necesitaba. No reinventa la rueda, sino que refina cada aspecto clave: más memoria, más velocidad, flexibilidad de arquitectura y compatibilidad total con el ecosistema existente. Si vienes de la Pico original y te has topado con sus límites de RAM o necesitas ejecutar cargas de trabajo más exigentes, este es el salto natural sin cambiar de plataforma ni de flujo de trabajo.
Para quien empieza en el mundo embebido, sigue siendo una opción excelente gracias a MicroPython y al precio contenido. Para el veterano, la posibilidad de experimentar con RISC-V en una placa estable y bien soportada es un aliciente que ninguna competencia ofrece hoy por hoy.
No es perfecta —el USB Micro B y la falta de WiFi nativo restan puntos en la comparativa con alternativas más modernas—, pero como herramienta de desarrollo, versatilidad y relación calidad-precio, la Pico 2 se lleva mi recomendación sin reservas. Si buscas un microcontrolador para aprender, prototipar o incluso desplegar en entornos controlados, esta es, probablemente, la mejor opción del mercado actual en su rango de precio.













