Análisis de Experto
Experto verificado
Análisis general del producto
He utilizado este LCD HAT durante varias semanas en una Raspberry Pi 3B, una Raspberry Pi Zero W y una Raspberry Pi 4B, principalmente para crear menús locales, indicadores de estado y pequeños controles para proyectos de automatización. Su planteamiento es sencillo: ofrecer una pantalla TFT de 1,44 pulgadas junto con un joystick de cinco posiciones y tres botones físicos, todo en una única placa compacta.
La pantalla trabaja con una resolución de 128 × 128 píxeles, controlador ST7735S, interfaz SPI y una profundidad de color RGB de 65K. Estas cifras la sitúan claramente en el terreno de las interfaces embebidas, no en el de una pantalla convencional para escritorio. Es suficiente para iconos, valores numéricos, menús breves, gráficos simples o estados de conexión, pero obliga a diseñar la interfaz con bastante cuidado cuando se pretende mostrar texto.
Su mayor interés no está únicamente en el panel, sino en la combinación entre salida visual y controles físicos. En una Raspberry Pi sin teclado, ratón ni monitor conectado, poder navegar por un menú directamente desde el joystick resulta muy práctico.
Calidad de construcción y materiales
La placa tiene un formato estrecho, pensado para conectarse sobre la cabecera GPIO de 40 pines. El montaje resulta limpio y apenas añade volumen, aunque recomiendo fijarla con los tornillos incluidos si el proyecto va a moverse o se va a instalar dentro de una caja. Al trabajar con una placa tan pequeña, cualquier holgura en el conector puede provocar comportamientos intermitentes difíciles de diagnosticar.
El panel TFT ofrece una imagen colorida y suficientemente definida para su tamaño. En mis pruebas funcionó especialmente bien con números grandes, barras de progreso, indicadores LED virtuales y menús de cuatro o cinco opciones. En cambio, los textos pequeños pierden legibilidad con rapidez, sobre todo cuando se intenta mostrar una terminal o una interfaz de escritorio completa.
El joystick tiene una pulsación central y cuatro direcciones independientes. Es un control adecuado para navegar por menús, seleccionar opciones o manejar un reproductor sencillo. Los tres botones adicionales amplían las posibilidades, aunque conviene programar una rutina de antirrebote: al pulsarlos físicamente, la señal puede cambiar varias veces en pocos milisegundos y generar acciones duplicadas si el software no filtra esos cambios.
Compatibilidad y rendimiento
La comunicación de vídeo se realiza mediante SPI de cuatro hilos. En la Raspberry Pi, las líneas principales utilizan SCLK en GPIO 11, MOSI en GPIO 10 y selección de chip en GPIO 8, mientras que la pantalla también necesita líneas para datos o comandos, reinicio y retroiluminación. Los controles ocupan otros GPIO, por lo que este accesorio no es completamente transparente para el resto del proyecto.
La velocidad es adecuada para actualizar menús, valores de sensores y gráficos estáticos. También permite animaciones sencillas, aunque no ofrece la misma fluidez que una pantalla conectada por HDMI o un panel con una interfaz más rápida. En una aplicación de monitorización, por ejemplo, pude refrescar temperaturas, uso de CPU, dirección IP y estado de servicios sin que la experiencia resultara incómoda. Para vídeo, emulación exigente o desplazamiento continuo de grandes cantidades de información, no es la opción apropiada.
En Raspberry Pi OS es necesario activar SPI y utilizar una biblioteca o controlador compatible con el ST7735S. Los ejemplos de desarrollo disponibles suelen trabajar con formatos RGB como RGB565 y contemplan tanto la pantalla como los botones. La configuración inicial requiere atención, especialmente con la orientación, la inversión de colores y el desplazamiento del área visible.
Aunque el formato HAT está pensado para Raspberry Pi, el panel puede servir en proyectos con Arduino o STM32 si se realiza el cableado correspondiente y se adapta el código. En esos casos deja de ser una conexión directa: hay que revisar la asignación de pines, el protocolo SPI y los niveles lógicos. El funcionamiento especificado es de 3,3 V, por lo que no conectaría señales de 5 V sin una adaptación adecuada.
La compatibilidad física con Raspberry Pi 4B merece una comprobación previa. La distribución de pines mantiene el estándar de 40 contactos, pero algunos controladores y configuraciones antiguas necesitan ajustes adicionales para que los botones respondan correctamente. En una Pi 4B actualizada, conviene probar primero el ejemplo del fabricante antes de integrarla en una instalación definitiva.
Puntos fuertes y aspectos mejorables
Lo que más me ha gustado:
- Integra pantalla y controles en un módulo muy compacto.
- La interfaz SPI consume pocos pines dedicados para la comunicación del LCD.
- El joystick permite crear menús utilizables sin periféricos externos.
- Los tres botones adicionales son útiles para accesos directos, confirmación y cancelación.
- El consumo de espacio es mucho menor que el de una pantalla HDMI o USB.
- Es apropiado para aprender GPIO, SPI, programación de interfaces y lectura de entradas físicas.
Aspectos mejorables:
- Los 128 × 128 píxeles limitan mucho la cantidad de texto visible.
- La pantalla no sustituye a un monitor durante la configuración inicial de la Raspberry Pi.
- El módulo ocupa varios GPIO, algo importante en proyectos con sensores, relés o buses adicionales.
- La puesta en marcha no es totalmente inmediata si se parte de cero con SPI y los controladores.
- No incorpora táctil, por lo que toda la interacción depende del joystick y los botones.
- Para usarlo con Arduino o STM32 hay que adaptar el cableado y el software; no es una conexión universal tipo plug and play.
Para conservarlo en buen estado, desconecto siempre la alimentación antes de montar o retirar la placa, verifico la orientación de la cabecera y evito presionar directamente sobre el área del LCD. También recomiendo desactivar la retroiluminación cuando la pantalla no se utilice, siempre que el diseño del proyecto lo permita.
Veredicto del experto
Este LCD HAT tiene sentido cuando se necesita una interfaz local, pequeña y económica para una Raspberry Pi. Lo recomendaría para paneles de estado, controles de domótica, instrumentos de laboratorio, proyectos educativos y dispositivos portátiles en los que no resulte práctico añadir teclado, ratón o monitor.
No lo elegiría para mostrar un escritorio completo, documentación extensa, gráficos detallados o contenido multimedia. Su rendimiento está condicionado por la resolución y por la interfaz SPI, pero dentro de su propósito responde de forma coherente. Frente a otras alternativas de mayor tamaño, pierde visibilidad; frente a módulos LCD sin controles integrados, gana mucha utilidad al incorporar un sistema de navegación completo.
En conjunto, es un accesorio interesante para proyectos embebidos y prototipos interactivos. Su compra resulta razonable si se tiene claro que la pantalla sirve para información concisa y que será necesario reservar varios GPIO para gestionar tanto el panel como los controles.













