Análisis de Experto
Experto verificado
Análisis general del producto
Llevo varias semanas trabajando con este HAT NVMe SSD con Ethernet 2.5G montado sobre una Raspberry Pi 5, y la conclusión principal es clara: por fin tenemos una solución integrada que resuelve dos de las limitaciones históricas de la Pi en una sola placa. Hasta ahora, si querías arrancar desde NVMe tenías que recurrir a un adaptador USB a M.2, sacrificando puertos USB y sufriendo las restricciones de ancho de banda del controlador USB 3.0. Este HAT ataca directamente el bus PCIe nativo del SoC BCM2712, algo que marca una diferencia notable tanto en latencias como en rendimiento sostenido.
A ello se suma el puerto Gigabit mejorado de 2,5 Gbps basado en el Realtek RTL8125, un controlador contrastado que llevo viendo funcionar correctamente en placas x86 de bajo coste durante años. La combinación de NVMe local y red de alta velocidad convierte a la Pi 5 en una plataforma realmente seria para servidor doméstico, algo impensable hace apenas dos generaciones.
Calidad de construcción y materiales
La placa transmite buenas sensaciones al tacto: PCB rígido, pastillas de separación bien posicionadas y conectores firmes. La ranura M.2 admite formatos 2230, 2242 y 2280, y en mi unidad venía con dos columnas de tornillería para fijar la unidad según su longitud, algo que agradecerás si cambias de SSD en el futuro. El dispositivo retenedor sujeta bien el módulo sin flexiones preocupantes.
El apilado sobre el GPIO es limpio y deja la placa alineada con los agujeros de montaje de la Pi 5, aunque conviene prever la altura total: con el disipador activo oficial la combinación cabe en cajas estándar, pero si usas refrigeración voluminosa con ventilador de 30 mm sobre el SoC, mide antes. Un detalle a valorar es que el HAT ocupa los 40 pines completos, así que olvídate de conectar HATs de sensores, pantallas e-paper o tarjetas de relés mientras lo tengas montado.
Compatibilidad y rendimiento
En mi banco de pruebas he utilizado tres unidades distintas: un NVMe de 2230 de 256 GB para el sistema, uno de 2242 de 500 GB y uno de 2280 de 1 TB para cargas más pesadas. La detección fue inmediata en Raspberry Pi OS Bookworm de 64 bits, y el arranque desde NVMe se configuró con el raspi-config y las herramientas del bootloader EEPROM sin necesidad de soldar nada ni tocar cableado. En Ubuntu 24.04 el comportamiento fue igual de correcto, siempre con kernels recientes, que es donde está el soporte maduro del controlador RTL8125 (r8169).
En cuanto a cifras: el enlace PCIe de la Pi 5 funciona a gen 2 por defecto en x1, y aunque el firmware permite forzar gen 3, mi recomendación tras estresar la configuración es dejarlo en gen 2 salvo que valides estabilidad con tu unidad concreta. Aun así, hablamos de lecturas secuenciales muy superiores a cualquier microSD decente, y sobre todo de diferencias enormes en acceso aleatorio 4K, que es lo que de verdad notarás al navegar por el escritorio, compilar o gestionar contenedores Docker.
El puerto 2,5GbE ha sido la sorpresa agradable. En transferencias SMB hacia un NAS, con un switch compatible, mantengo velocidades muy por encima del clásico Gigabit saturado, y al ejecutar iperf3 entre la Pi y un equipo de escritorio con RTL8125 el enlace aguanta tráfico sostenido sin sobresaltos siempre que la fuente esté a la altura. Para NFS, Time Machine casero, Pi-hole con copias locales o Jellyfin sirviendo varias pistas 4K, el margen extra se nota.
Sobre alimentación: con SSDs de consumo moderado la fuente estándar de 15 W tira, pero no folgada. Con unidades de 2280 más exigentes o bajo carga simultánea de red y disco, aparecen los avisos de undervolt. Mi consejo directo es usar la fuente oficial de 27 W sin dudarlo en cualquier configuración seria.
Puntos fuertes y aspectos mejorables
Lo que destaca:
Bus PCIe nativo, sin capas USB intermedias: menos latencia y mejor fiabilidad bajo carga.
Triple compatibilidad de formatos M.2 (2230, 2242, 2280), que permite priorizar tamaño o capacidad.
RTL8125 con soporte consolidado en Linux; drivers ya integrados en kernels recientes.
Arranque desde NVMe sencillo, apoyado en el firmware oficial, sin soldaduras.
Lo que mejoraría:
Ocupa el GPIO completo, lo que limita el ecosistema de HATs apilables.
Sin gestión térmica propia: el SSD puede calentarse en chasis cerrados; un disipador fino sobre la unidad es una buena inversión.
La red a 2,5 Gbps exige infraestructura compatible; si tu switch es de 1 GbE, quedarás en ~110 MB/s y desaprovecharás parte del valor del producto.
El espacio libre alrededor queda justo si combinas cables Ethernet gruesos con carcasa, tal y como descubrí al mover la placa de banco a caja.
Veredicto del experto
Tras semanas de uso intensivo como servidor de contenedores, NAS ligero y centro multimedia, este HAT me parece una de las compras más sensatas que puedes hacer sobre una Raspberry Pi 5 si tu proyecto tiene vocación de permanencia. Frente a las alternativas de mercado, se posiciona bien en precio frente a los adaptadores USB-M.2, a los que además supera técnicamente, aunque algunos competidores ofrecen funciones extra como RTC o ventilador integrado que aquí quedan fuera.
Si vas a instalar el sistema en NVMe, prepara una fuente de 27 W, un SSD de formato 2230 o 2242 de consumo contenido y, si tu red lo permite, un switch 2,5GbE para exprimir el RTL8125. Para quien dependa del GPIO de 40 pines esta no es la opción; para todo lo demás, es la vía rápida y limpia para convertir la Pi 5 en un mini servidor de verdad.










