




Los SSD modernos en formato M.2 2280, especialmente los NVMe, pueden alcanzar velocidades muy altas de lectura/escritura. Esa velocidad tiene un “coste”: generan calor. En cargas sostenidas (copias grandes, edición de vídeo, instalación de juegos, compilación, cachés, uso intensivo de bases de datos, etc.) la controladora del SSD puede calentarse y activar el conocido thermal throttling, un mecanismo de protección que reduce el rendimiento para bajar temperatura.
Un disipador térmico M.2 ayuda a evacuar ese calor de la controladora y los chips NAND hacia el aire y hacia el chasis, manteniendo temperaturas más estables. No se trata solo de “bajar grados”: la ventaja real es mantener un rendimiento constante, evitar caídas bruscas de velocidad y mejorar la estabilidad a largo plazo.
Este modelo utiliza cobre, un material con alta conductividad térmica. En disipadores compactos, el cobre es una elección habitual porque transmite el calor con rapidez desde el punto caliente (la controladora del SSD) hacia el resto del disipador. En configuraciones donde el espacio es limitado, esa transferencia rápida es clave para que el calor se reparta mejor y la superficie disipe con mayor eficiencia.
En la práctica, un disipador de cobre puede marcar la diferencia cuando el SSD trabaja cerca de su límite térmico, sobre todo en cajas pequeñas, mini PC o portátiles donde el flujo de aire es reducido.
El formato 2280 indica una longitud aproximada de 80 mm (22×80). Es el tamaño más común en PCs de escritorio y muchos portátiles. Este disipador está pensado para ese formato. Respecto a NVMe/NGFF:
Lo importante es que tu placa base o tu portátil tengan espacio físico para el disipador. Algunas placas traen disipador integrado; en ese caso, puedes comparar y decidir si usar el original o este, pero evita montar dos a la vez si no encaja bien.
En un disipador M.2, el contacto directo no siempre es perfecto. Por eso se usa una almohadilla térmica fina: rellena microhuecos y mejora la transferencia de calor. Es un componente pequeño, pero crucial. Sin un buen pad, el disipador puede quedar “bonito” pero trabajar poco.
Consejo: coloca la almohadilla sobre la controladora (la zona que más se calienta). Si tu SSD tiene componentes a diferente altura, asegúrate de no forzar la placa del SSD al apretar. El montaje debe quedar firme, pero sin doblar el módulo.
Tras el montaje, puedes monitorizar temperaturas con software (por ejemplo, herramientas SMART) mientras haces una copia grande o un benchmark para verificar el efecto.
En portátiles, el espacio es el factor decisivo. Antes de comprar o montar:
En muchos portátiles, un disipador fino con pad térmico es ideal porque aporta mejora sin requerir gran altura.
Un disipador no convierte un SSD medio en uno “más rápido” por arte de magia, pero sí puede ayudar a mantener rendimiento sostenido. Esto se nota especialmente en:
Si tu SSD ya se mantiene fresco (por buen flujo de aire o disipador integrado), la mejora puede ser menor. Si tu SSD alcanza temperaturas altas con facilidad, el disipador puede aportar un cambio notable en estabilidad.
La disipación depende del contacto y de la ventilación. Con el tiempo:
Un pequeño mantenimiento preventivo ayuda a que el sistema se mantenga fresco y estable durante años.
Muchas placas base actuales incluyen un disipador M.2 de serie (a veces con pad térmico preinstalado). En ese caso, lo recomendable es no apilar disipadores. En vez de eso, elige el que mejor encaje:
El objetivo siempre es el mismo: buen contacto térmico y que el conjunto no interfiera con la GPU, el chipset o el montaje del M.2.
Una causa común de mal rendimiento es usar un pad demasiado grueso o apretar demasiado. Si el pad es excesivo, el SSD puede quedar curvado y el contacto real empeora. Lo ideal es una presión uniforme, sin deformar el módulo. Si tu SSD tiene chips a distinta altura (por ejemplo, solo controladora en un lado), coloca el pad donde más convenga y evita forzar la placa.
Un disipador transfiere calor a su superficie, pero necesita que ese calor salga al aire. En torres con ventilación frontal/lateral el efecto suele ser mayor. En cajas compactas, ayuda colocar un ventilador que mueva aire cerca del M.2 (sin necesidad de mucho RPM). En portátiles, la mejora depende del diseño interno: si el M.2 está cerca del ventilador, suele notarse más; si está encerrado, la mejora puede ser más discreta.
Este disipador de cobre para SSD M.2 2280 con almohadilla térmica es una mejora sencilla para reducir temperatura y minimizar el throttling en unidades NVMe/NGFF. Es especialmente recomendable en PCs compactos, cajas con poco flujo de aire y portátiles con espacio suficiente. Con un montaje correcto y buen contacto térmico, ganarás estabilidad y rendimiento sostenido en tareas exigentes.















