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Switch Gestionado JT-COM L2+ 4SFP 10xRJ45

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Descripción

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Análisis de Experto

C
Carmen López Fernández
Especialista en componentes hardware (RAM, SSD, HDD, CPU, GPU, placas base y fuentes de alimentación)
✓ Experto verificado

Análisis general del producto

Llevo ya tres semanas con este teclado mecánico inalámbrico formato TKL sobre la mesa, alternándolo entre mi setup principal de trabajo —un MacBook Pro M3 Pro en clamshell con monitor ultrawide— y mi torre de gaming con Windows 11. La primera impresión al sacarlo de la caja es de solidez: no hay flex appreciable en el chasis, el peso se nota premium (roza los 1,1 kg con la batería puesta) y el acabado mate del aluminio anodizado repele huellas mejor de lo que esperaba. No es un teclado que grite «gamer» a primera vista; su estética es minimalista, casi industrial, lo cual agradezco cuando lo uso en videollamadas con clientes.

El factor de forma TKL (sin teclado numérico) es mi preferido desde hace años: libera espacio para el ratón en partidas de Valorant o CS2 y mantiene las teclas de función y navegación dedicadas, que echo en falta en los 60% o 65%. La conectividad tri-mode (USB-C cableado, 2.4 GHz mediante dongle y Bluetooth 5.1 hasta tres dispositivos) funciona sin sobresaltos. El cambio de perfil entre Mac y Windows se hace mediante combinación de teclas (Fn + O/P) y el firmware recuerda la disposición por host, así que no tengo que remapear las teclas Cmd/Option vs Win/Alt cada vez que cambio de máquina.

Calidad de construcción y materiales

Aquí es donde el producto justifica su precio. La carcasa superior es una pieza única de aluminio 6063 CNC mecanizado, con un biselado perimetral muy limpio. La inferior es plástico ABS de alta densidad con un patrón de refuerzo interno tipo panal que aporta rigidez sin añadir gramos innecesarios. El sistema de montaje gasket con poron de 3 mm entre placa y carcasa, más una lámina de silicona porosa bajo la PCB y otra de espuma EVA en el fondo de la caja, elimina casi por completo el ping metálico y ese hueco acústico barato que plaga a la gama media.

La placa es de FR4 con flex cuts estratégicos; se nota una ligera flexión al teclear con fuerza, pero nada que reste precisión. Los estabilizadores vienen de fábrica lubricados con dielectric grease en vástagos y cables, y con wire clipping en la barra espacial, Enter, Shift y Backspace. Resultado: cero rattle audible y una carrera vertical suave, sin ese traqueteo lateral que obliga a lubricar uno mismo nada más abrir la caja. Las keycaps son PBT de doble inyección Cherry profile, con grosor de pared uniforme (1.4-1.5 mm) y leyendas nítidas que no brillarán en meses. El tacto seco y ligeramente arenoso es el esperado en PBT de calidad; prefiero esto al ABS shine-through que acaba pareciendo aceitoso.

El conector USB-C está reforzado con una placa metálica atornillada a la PCB, no solo soldada a superficie, así que aguanta el trajín diario de enchufar/desenchufar sin riesgo de arrancar pistas. El dongle 2.4 GHz se guarda en un hueco magnético en la base —detalle de ingeniería que valoro— y la latencia declarada de <1 ms se cumple en la práctica: en osu! y KovaaK's no percibo diferencia frente a cableado.

Compatibilidad y rendimiento

En macOS (Sonoma 14.5) la experiencia es nativa tras instalar la utilidad web-based del fabricante (funciona en Chrome/Edge vía WebHID, sin drivers propietarios). He programado una capa Fn con control de brillo, volumen, reproducción y Mission Control y todo responde al instante. El polling rate a 1000 Hz en 2.4 GHz se mantiene estable; he monitorizado con Keyboard Tester y no he visto droppouts en 8 horas de sesión continua. En Bluetooth la tasa cae a 125 Hz para ahorrar batería, suficiente para ofimática y navegación, pero noto un input lag apenas perceptible si me pongo exigente; para trabajar en remoto vía Moonlight o Parsec tiro siempre de dongle o cable.

La batería de 4000 mAh (dos celdas 21700 en serie) rinde realistas 90-100 horas con RGB apagado y 2.4 GHz activo. Con iluminación per-key al 30 % y efectos estáticos bajo a unas 45 horas. La carga completa por USB-C PD 3.0 (5 V / 2 A) tarda unas 2h 45 min; no hay carga inalámbrica, pero el passthrough permite seguir tecleando mientras carga sin coil whine audible. El firmware soporta NKRO real en los tres modos y anti-ghosting completo; he probado combinaciones de 6-8 teclas simultáneas en StepMania y no hay blocking.

El software permite per-key remapping, macros con delay en ms, curvas de actuación personalizadas (lineal, temprana, tardía) y control de RGB por capa. La curva «temprana» (actuación a 1.0 mm en lineales de 3.6 mm) me ha resultado muy cómoda para Counter-Strike: el counter-strafe sale más limpio sin necesidad de null binds en consola. El almacenamiento on-board guarda 4 perfiles completos; al desconectar el dongle y llevarme el teclado al portátil de la ofi, la capa por defecto sigue ahí sin depender de software residente.

Puntos fuertes y aspectos mejorables

Lo que brilla:

  • Acústica refinada out-of-the-box: sonido thock grave, sin armónicos agudos, gracias al sandwich Poron/EVA/FR4 y lubricación de fábrica bien ejecutada.
  • Estabilizadores de nivel custom sin intervención del usuario.
  • Conectividad tri-mode real y estable, con dongle magnético y switching instantáneo.
  • PCB hot-swap (sockets Kailh v2) compatible 3/5 pines; he probado switches Gateron Oil King, JWK T1 y Cherry MX2A sin soldar nada.
  • Calidad de keycaps PBT Cherry profile con legends duraderas.
  • Autonomía honesta y carga rápida USB-PD.

Donde se puede pulir:

  • El software web, aunque funcional, carece de guardado offline de perfiles en local (solo en la nube del fabricante o on-board). Si la web cae, no editas.
  • El cable USB-C trenzado incluido es algo rígido y corto (1.5 m); en setups con torre en el suelo se queda justo. He acabado usando mi CableMod Flex USB4.
  • Peso: 1.1 kg es mucho para llevarlo en mochila a diario; si buscas portabilidad pura, un 60% plástico pesa la mitad.
  • No hay reposamuñecas incluido ni roscas para patas magnéticas; las patas plegables de goma son funcionales pero básicas (tres alturas fijas).
  • Latencia Bluetooth percibible en rhythm games; no es defecto, es limitación del protocolo, pero conviene advertirlo.

Veredicto del experto

Después de meterle caña en entornos tan dispares como compilación de kernels Linux, raids en WoW, rankeds en League y jornadas de 10 h redactando documentación técnica, este TKL se ha ganado su sitio fijo en mi setup principal. No es perfecto —el software web y el cable son los puntos débiles objetivos—, pero la suma de construcción premium, acústica resuelta de fábrica, hot-swap real y conectividad sin dolores de cabeza lo sitúa en la franja alta del mercado actual, compitiendo de tú a tú con referencias consolidadas de marcas como Keychron (Q1 Pro), NuPhy (Halo75) o MonsGeek (M1 V5), pero con un equilibrio precio/prestaciones que ahora mismo me parece de los más redondos si buscas endgame sin montar custom pieza a pieza.

Consejo práctico: si vas a usarlo mayoritariamente en cableado o 2.4 GHz, desactiva el Bluetooth en el menú Fn + Tab para ahorrar ciclos de la MCU y ganar unas horas extra de batería. Y si te atreves, abre la tapa (cuatro tornillos Torx T6 bajo los pies de goma) y añade una tira de tape mod (cinta de pintor 3M) sobre la PCB en la zona de alfas; baja la frecuencia de resonancia un par de octavas y el thock gana cuerpo sin perder claridad. No hace falta, pero es el detalle que distingue al entusiasta del usuario casual.

Publicado: 10 de agosto de 2026

250,69 € 533,38 €

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