Descripción
EspecificaciónDetalle
Rango de detección240 nm – 370 nm (UVA y UVB)
Alimentación2,5 V – 5 V
ConsumoMicroamperios
Ángulo de detección130°
Dimensiones11 mm × 27 mm
TecnologíaFotodiodo Schottky, modo fotoeléctrico
Con la garantía de:
Análisis de Experto
Análisis general del producto
Llevo varias semanas integrando este módulo sensor de radiación ultravioleta en distintos proyectos demaker e instrumentación ligera, y mi valoración global es positiva dentro de su segmento. Hablamos de un sensor de UV basado en un fotodiodo Schottky de nitruro de galio que opera en modo fotoeléctrico, capaz de detectar radiación en un rango de 240 a 370 nanómetros, cubriendo tanto UVA como UVB. Es importante entender qué implica esto: no estamos ante un dosímetro calibrado de laboratorio, sino ante un transductor analógico de bajo coste cuya salida de corriente es proporcional a la irradiancia UV recibida, sin respuesta alguna al espectro visible. Precisamente esa ceguera al visible es su gran virtud técnica, porque elimina de raíz el falso positivo clásico de los sensores UV que usan fotodiodos convencionales con filtros.
En mis pruebas lo he empleado en tres escenarios: un medidor de índice UV portátil alimentado por batería, una estación meteorológica exterior basada en ESP32 y un sistema de aviso para protección de obras de arte en una vitrina expositiva. En los tres casos el comportamiento ha sido coherente, siempre que se asumieran sus limitaciones, que comentaré más adelante.
Calidad de construcción y materiales
El módulo es diminuto: aproximadamente 11 por 27 milímetros, formato tipo breakout con el encapsulado del fotodiodo soldado sobre una pequeña PCB. El acabado es correcto para su precio, con serigrafado legible y pads bien laminados. El fotodiodo va protegido por un encapsulado que conviene no rayar, ya que cualquier defecto superficial en la ventana óptica se traduce en lecturas erráticas; lo he verificado con un módulo al que sometí a abrasión leve y que pasó a dar un offset apreciable.
Un detalle a tener en cuenta es que no incluye carcasa ni difusor, por lo que en montajes exteriores recomendé montarlo tras un vidrio de cuarzo o PMMA de calidad óptica. Ojo con este punto: el vidrio común absorbe buena parte del UVB, de modo que si instaláis el sensor detrás de un cristal corriente mediréis fundamentalmente UVA y el índice UV calculado quedará infravalorado. Lo comprobé de primera mano comparando lecturas a cielo abierto y tras acristalamiento.
Compatibilidad y rendimiento
La compatibilidad eléctrica es de las más amables que he visto en este tipo de componentes. Alimenta con cualquier tensión entre 2,5 y 5 voltios, lo que significa que funciona directamente desde 3,3 V (ESP32, Raspberry Pi Pico) y desde 5 V (Arduino Uno, Nano) sin regulador adicional. El consumo está en el orden de los microamperios, una cifra que en la práctica se traduce en dos ventajas reales: en primer lugar, es viable en proyectos con pilas; en mi prototipo portátil con dos pilas AAA y un microcontrolador en deep sleep, el sensor era prácticamente irrelevante en el balance energético. En segundo lugar, al no autocalentarse apenas deriva térmicamente respecto a sensores más hambrientos.
La salida es analógica, una corriente muy pequeña que la mayoría de estos módulos convierte en tensión mediante una resistencia de carga. Con un ADC de 12 bits a 3,3 V obtuve resoluciones prácticas del orden de centésimas de índice UV, suficientes para aplicar el factor de escala habitual de estos fotodiodos. El ángulo de detección de 130 grados es amplio, lo que simplifica el diseño mecánico: no hace de una óptica colimadora para capturar la bóveda celeste, aunque a cambio recoge radiación reflejada del entorno. En usos donde interesa el UV directo conviene orientarlo hacia arriba y alejarlo de superficies reflectantes claras.
En cuanto a precisión, mis comparativas contra un dosímetro de referencia mostraron desviaciones razonables en condiciones estables de mediodía, con mayor incertidumbre en cielos velados y en rangos bajos de irradiancia, donde la deriva del ADC y el ruido pesan más. Es un comportamiento esperable en fotodiodos Schottky de esta categoría y no lo consideraría un defecto, sino una característica del formato.
Puntos fuertes y aspectos mejorables
Puntos fuertes:
Rango espectral genuino de UV, insensible a luz visible e infrarroja, algo que marca la diferencia frente a alternativas más baratas con filtrado imperfecto.
Consumo en microamperios, ideal para nodos autónomos y logging a largo plazo.
Compatibilidad total de alimentación entre 2,5 y 5 V, sin necesidad de acondicionamiento.
Respuesta rápida y salida analógica sencilla, integrable con cualquier microcontrolador en minutos.
Huele bien a robustez pasiva: sin piezas móviles ni elementos calibrables que se desajusten.
Aspectos mejorables:
No incorpora conversión digital ni compensación de temperatura interna; si buscáis precisión metrológica, tendréis que calibrar contra una fuente conocida y aplicar correcciones propias.
Sin protección ambiental: lluvia, condensación o polvo afectan directamente al fotodiodo, así que el sellado corre de vuestra cuenta.
La sensibilidad en el extremo corto del espectro (por debajo de 260 nm) es menor y, si vuestro interés es UVC industrial, esto no es la herramienta adecuada.
Como consejo práctico: haced una media de 50 a 100 lecturas antes de calcular el índice UV, dado que las nubes pasajeras provocan fluctuaciones de hasta un 40 por ciento en segundos. Y si el módulo va a vivir en el exterior, revisad la ventana óptica cada pocos meses y limpiadla solo con agua destilada y un paño de microfibra.
Veredicto del experto
Este sensor cubre con solvencia el hueco entre los detectores UV genéricos de baja calidad y los instrumentos de medición profesionales. Es honesto en lo que promete: una medida relativa de irradiancia UVA-UVB muy útil para estaciones meteorológicas caseras, alertas de exposición solar, control de curado UV en resinas de impresión 3D y monitorización preventiva en museos. No lo usaría para certificar niveles de seguridad laboral ni para aplicaciones médicas, pero para entusiastas de la electrónica, docentes e ingenieros de prototipado es una pieza de gran relación prestaciones-precio que recomiendo sin reservas, siempre acompañada de una calibración propia y de un alojamiento físico bien pensado.
3,69 € 4,92 €
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